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Crisis energética en Oriente Medio golpea duramente a países en desarrollo

La escalada de precios del petróleo y fertilizantes amenaza con reducir cosechas, encarecer alimentos y forzar recortes en educación y salud.

Por Redacción 2026-06-29 Fuente: ONU Noticias 0 vistas ⏱ calculando…
Crisis energética en Oriente Medio golpea duramente a países en desarrollo

Imagen: ONU Noticias

Lo esencial

  • La escalada de precios del petróleo por conflictos en Oriente Medio afecta principalmente a países con menor poder adquisitivo y dependencia de importaciones.
  • El encarecimiento de fertilizantes amenaza la producción agrícola global y aumenta inseguridad alimentaria en más de 280 millones de personas vulnerables.
  • Gobiernos en desarrollo enfrentan disyuntiva: subsidiar energía o invertir en educación y salud, retrasando transiciones energéticas sostenibles.

Los conflictos geopolíticos en Oriente Medio están generando una crisis energética sin precedentes que golpea desproporcionadamente a los países en desarrollo, según advierten dos nuevos informes de agencias de las Naciones Unidas. El encarecimiento del petróleo crudo y los fertilizantes derivados de estos combustibles amenaza con desencadenar una cascada de efectos económicos devastadores: reducción de cosechas agrícolas, inflación alimentaria, deterioro de servicios básicos y el sacrificio obligado de inversiones en educación, sanidad e infraestructura energética limpia. Para millones de personas en Asia, África y América Latina, ya vulnerables económicamente, esta tormenta perfecta representa una amenaza existencial a su seguridad alimentaria y desarrollo socioeconómico.

Aunque los conflictos en Oriente Medio no son nuevos, la actual escalada ha coincidido con una recuperación económica frágil tras la pandemia de COVID-19, dejando a las naciones menos desarrolladas sin colchón financiero para absorber los impactos. Históricamente, estas regiones han dependido de importaciones de energéticos y productos agrícolas, posicionándolas como víctimas pasivas de fluctuaciones de precios internacionales que no pueden controlar. La situación se agrava porque muchas economías en desarrollo destinan porcentajes significativos de su presupuesto a importaciones energéticas, reduciendo así su capacidad de inversión en infraestructura crítica.

El precio que nadie puede pagar

Los informes de la ONU revelan que el encarecimiento del petróleo tiene ramificaciones complejas más allá de los surtidores de gasolina. Los fertilizantes sintéticos, fundamentales para la productividad agrícola moderna, dependen enormemente de productos petroquímicos. Cuando el barril sube, los costos de producción agrícola se disparan, generando una contracción en la oferta alimentaria que recae directamente sobre los consumidores más pobres. En países como Bangladesh, Etiopía y Honduras, donde la población dedica entre el 50% y 70% de sus ingresos a alimentos, cada incremento de precios puede significar desnutrición infantil y hambre estructural.

Las consecuencias ya son visibles. El Programa Mundial de Alimentos estima que más de 280 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria severa, una cifra que ha crecido exponencialmente en los últimos tres años. En paralelo, países como Pakistán, Kenya y Nicaragua han visto cómo sus gobiernos sacrifican proyectos de educación y salud para mantener subsidios energéticos que eviten crisis sociales inmediatas. Este dilema falso entre sobrevivencia hoy y desarrollo mañana perpetúa ciclos de pobreza.

La trampa del desarrollo detenido

Quizás lo más preocupante de esta crisis es su impacto en las transiciones energéticas. Mientras los países desarrollados invierten masivamente en energías renovables, las naciones en desarrollo ven cómo presupuestos limitados se desvinan hacia combustibles fósiles más caros, retrasando su adopción de tecnologías limpias. Un país africano que planeaba construir parques solares podría verse forzado a extender la vida útil de plantas de carbón, perpetuando su dependencia de energías contaminantes y vulnerables a volatilidad de precios.

Los expertos advierten que sin intervención coordinada internacional, esta crisis energética profundizará las desigualdades globales y revertirá avances en desarrollo sostenible logrados en la última década. La ONU hace un llamado a mecanismos de financiamiento de emergencia, transferencia tecnológica y una gobernanza internacional que reconozca que la estabilidad energética es un bien público, no un lujo de naciones ricas. La próxima década determinará si el mundo puede construir una arquitectura económica más resiliente y equitativa, o si permitirá que géopolitica y mercados especulativos sigan condenando a millones al subdesarrollo perpetuo.