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Mundo

El cambio climático amenaza colapsar las infraestructuras de transporte mundial

Olas de calor extremo derriten vías férreas y deforman carreteras en Europa, alertando sobre un futuro aún más crítico para el transporte en tres continentes.

Por Redacción 2026-06-30 Fuente: ONU Noticias 0 vistas ⏱ calculando…
El cambio climático amenaza colapsar las infraestructuras de transporte mundial

Imagen: ONU Noticias

Lo esencial

  • Vías férreas se derriten y carreteras se abomban en Europa por temperaturas extremas que superan los márgenes de seguridad de infraestructuras diseñadas hace décadas
  • Expertos proyectan fenómenos meteorológicos aún más extremos para Europa, Asia Central y América del Norte en las próximas décadas, multiplicando los daños actuales
  • Adaptación de infraestructura requiere inversiones de miles de millones de euros, con costos de hasta 2,000 millones por línea ferroviaria de 500 kilómetros

Las autoridades de transporte europeas enfrentan actualmente una crisis sin precedentes: vías férreas que se derriten bajo temperaturas abrasadoras, carreteras que se abomban y pandean, y sistemas de transporte al borde del colapso. Este escenario, que hace apenas una década hubiera parecido sacado de un thriller climático, es ahora la realidad cotidiana de ciudades y regiones del viejo continente durante las olas de calor. Sin embargo, lo más preocupante no es lo que ocurre hoy, sino lo que advierten los expertos para las próximas décadas: fenómenos meteorológicos aún más extremos que pondrán a prueba la capacidad de resistencia de infraestructuras que fueron diseñadas para un clima muy diferente al que enfrentaremos en 2050 o 2070.

El cambio climático no es una amenaza futura abstracta, sino una realidad presente que está transformando la forma en que pensamos sobre la movilidad y el transporte. Desde los años noventa, cuando comenzaron a documentarse sistemáticamente los efectos del calentamiento global, hemos visto un aumento gradual en los incidentes relacionados con infraestructuras de transporte. Durante décadas, los ferrocarriles europeos fueron paradigmas de eficiencia, pero su diseño se basaba en rangos de temperatura que oscilaban entre -5 y 30 grados Celsius. Hoy en día, es común registrar temperaturas superiores a 40 grados, lo que causa una dilatación térmica en los materiales que superan los márgenes de seguridad previstos. Las carreteras de asfalto, construidas con especificaciones similares, presentan un problema añadido: el asfalto se ablanda y puede llegar a formar ondulaciones que generan riesgos graves para la circulación vial.

El impacto inmediato: de Europa a Asia Central y América del Norte

Durante el verano de 2022, Reino Unido experimentó temperaturas récord de 40 grados centígrados, causando cierres masivos en líneas ferroviarias. Las vías se deformaron, especialmente en el sur de Inglaterra, donde operan algunos de los servicios de tren más transitados de Europa. Alemania, Francia y los Países Bajos reportaron incidentes similares. Pero el problema no se limita a Europa occidental. Asia Central, con sus enormes distancias y climas continentales extremos, enfrenta desafíos aún mayores: las carreteras que conectan Kazajistán, Uzbekistán y Turkmenistán sufren daños acelerados. En América del Norte, regiones como el suroeste estadounidense y partes de Canadá experimentan sequías prolongadas que afectan tanto carreteras como ferrocarriles. Un informe reciente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) proyecta que estas regiones podrían enfrentar aumentos de temperatura de 2 a 3 grados adicionales para 2050, lo que multiplicaría estos problemas exponencialmente.

Los datos son alarmantes: según estudios de la Comisión Europea, cada aumento de 1 grado Celsius en la temperatura media anual podría resultar en pérdidas de entre 50 y 100 millones de euros anuales solo en daños a infraestructuras ferroviarias. Las carreteras, que representan el 90 por ciento del transporte de pasajeros en Europa, no están mejor preparadas. Las autoridades de tránsito han comenzado a implementar soluciones temporales como materiales reflectantes en el asfalto y sistemas de riego para enfriar las vías, pero todos reconocen que se trata de parches a un problema sistémico.

Hacia la adaptación: desafíos técnicos y económicos

La magnitud del desafío requiere repensar fundamentalmente cómo se diseña y construye la infraestructura de transporte. Los gobiernos se enfrentan a una disyuntiva compleja: ¿cuánto invertir en adaptación de infraestructura existente versus reconstrucción desde cero? Los expertos coinciden en que ambas aproximaciones serán necesarias. Suiza está explorando sistemas de refrigeración para las vías férreas, mientras que Países Bajos invierte en carreteras hechas con asfalto reciclado de mayor resistencia térmica. En América del Norte, California y Columbia Británica han comenzado a revisar los códigos de construcción para infraestructuras nuevas, aumentando los márgenes de seguridad para temperaturas extremas. Sin embargo, estos proyectos son costosos: adaptar una línea ferroviaria de 500 kilómetros puede superar los 2,000 millones de euros, mientras que reconstruir carreteras regionales con nuevos estándares requiere inversiones de miles de millones adicionales. Para los países en desarrollo de Asia Central, donde los presupuestos para infraestructura ya son limitados, la situación es crítica.

Los próximos años serán decisivos. Las autoridades de transporte tienen una ventana de oportunidad para implementar cambios antes de que los daños sean irreversibles. Esto implica no solo inversión en infraestructura resiliente, sino también en investigación de materiales innovadores, en sistemas de monitoreo en tiempo real de la salud de las carreteras y ferrocarriles, y en una planificación urbana que considere reducir la dependencia del transporte convencional a través de alternativas sostenibles. El cambio climático no es solo una amenaza ambiental: es una prueba de resistencia para la viabilidad económica y la movilidad de millones de personas en tres continentes que dependen de sistemas de transporte que, a menos que actúen ahora, no sobrevivirán intactos a las próximas décadas.