Mary Casa Salazar propone una revolución verde 'bottom-up' para transformar el Perú
Una investigadora peruana plantea un modelo de transformación ambiental desde las comunidades locales como alternativa al enfoque descendente tradicional.
Imagen: Inforegion
Lo esencial
- Mary Casa Salazar propone un modelo 'bottom-up' que coloca a las comunidades locales como protagonistas de la agenda ambiental peruana, en lugar del tradicional enfoque descendente desde el gobierno central.
- El Perú perdió 2.9 millones de hectáreas de bosque entre 2001 y 2021, evidenciando que las políticas ambientales actuales han sido insuficientes para frenar la deforestación y degradación de ecosistemas.
- El modelo requiere transferencia de poder desde el gobierno central hacia gobiernos regionales, reconocimiento de derechos indígenas y financiamiento directo a iniciativas comunitarias de conservación.
Mary Casa Salazar, reconocida investigadora peruana especializada en temas ambientales y sostenibilidad, ha presentado una propuesta innovadora para abordar los desafíos ecológicos del país mediante un enfoque denominado "bottom-up" o de base hacia arriba. A través de su libro "La transformación verde en el Perú", Casa Salazar plantea un modelo alternativo que coloca a las comunidades locales y actores regionales como protagonistas centrales de la agenda ambiental, en contraposición al tradicional sistema de imposición de políticas desde los gobiernos centrales. Esta iniciativa llega en un contexto donde el Perú enfrenta presiones crecientes por deforestación, contaminación y cambio climático, posicionando al país entre los más vulnerables de América Latina ante la crisis ambiental global.
Históricamente, las políticas ambientales en el Perú se han caracterizado por un enfoque top-down, donde el gobierno nacional establece directrices sin una consulta significativa de los pueblos originarios, agricultores y poblaciones locales que dependen directamente de los recursos naturales. Esta dinámica ha generado resistencia, conflictividad y, en muchos casos, inefectividad de las medidas implementadas. Según datos del Ministerio del Ambiente peruano, entre 2001 y 2021, el país perdió aproximadamente 2.9 millones de hectáreas de bosque, principalmente en la Amazonía peruana, evidenciando la urgencia de estrategias más efectivas que integren a las comunidades como agentes de cambio, no como simples receptores de políticas decididas en Lima.
El modelo bottom-up: empoderamiento desde las regiones
La propuesta de Casa Salazar se fundamenta en la premisa de que las soluciones ambientales más sostenibles emergen cuando las comunidades locales tienen capacidad de decisión y se reconoce su conocimiento ancestral. Este enfoque busca descentralizar la gestión ambiental, otorgando mayor autonomía a gobiernos regionales y locales para diseñar estrategias acordes con sus realidades específicas. En una región amazónica, por ejemplo, las prioridades de conservación diferirán significativamente de una región andina o costeña. El modelo propone mecanismos de financiamiento directo a iniciativas comunitarias, capacitación técnica a nivel local y creación de mercados verdes que recompensen las prácticas sostenibles, transformando la conservación en una oportunidad económica para las poblaciones rurales.
La investigadora destaca que el empoderamiento local también incluye el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios sobre sus territorios, cuya relación ancestral con la naturaleza ha demostrado ser más efectiva en la preservación de ecosistemas que muchas políticas estatales convencionales. Organizaciones internacionales como The Nature Conservancy han documentado que en territorios indígenas se preserva el 80% de la biodiversidad mundial, a pesar de representar solo el 22% del territorio global. El Perú, con más de 50 pueblos originarios amazónicos, posee un capital invaluable de conocimiento ecológico que permanece subaprovechado en los procesos de toma de decisiones ambientales.
Implicaciones y desafíos de implementación
La adopción del modelo bottom-up presenta tanto oportunidades como desafíos significativos para el Estado peruano. En el aspecto positivo, podría generar mayor cohesión social, aumentar la legitimidad de las políticas ambientales y producir resultados más duraderos al contar con la adhesión de las comunidades. Sin embargo, requeriría una reforma institucional profunda que incluya redistribución de presupuestos, transferencia de competencias hacia gobiernos locales y redefinición de los mecanismos de gobernanza ambiental. Esto implica, inevitablemente, soltar poder desde el gobierno central y enfrentar resistencias burocráticas tradicionales. Además, exige inversión en capacitación técnica, fortalecimiento de instituciones regionales débiles y sistemas de monitoreo y evaluación más descentralizados pero coordinados.
La propuesta de Mary Casa Salazar representa un quiebre conceptual importante en cómo el Perú podría aproximarse a la crisis ambiental. En un país donde la conflictividad socioambiental ha generado bloqueos de carreteras, enfrentamientos entre comunidades y empresas extractivas, y vulneración de derechos, el enfoque participativo y territorial podría ser la clave para construir un modelo de desarrollo que sea simultáneamente verde, justo y viable económicamente. A medida que se agudizan los efectos del cambio climático y se agotan los recursos naturales, modelos como el propuesto por Casa Salazar ganan relevancia no solo para el Perú, sino como referente para toda Latinoamérica en la búsqueda de transiciones ecológicas auténticamente inclusivas y territoriales.
Fuente original: Inforegion