Rolón: El amor sano es el que nunca usa el poder sobre el otro
El psicoanalista Gabriel Rolón reflexiona sobre cómo construir relaciones amorosas plenas donde la vulnerabilidad no se convierte en arma de daño.
Imagen: La Nacion AR
Lo esencial
- Amar implica otorgar poder sobre nuestra vulnerabilidad; el amor sano es quien decide nunca usar ese poder para dañar
- La plenitud emocional requiere construir un espacio interno capaz de albergar felicidad mediante autoconocimiento y aceptación
- La demanda por psicoterapia creció 40% en América Latina, evidenciando mayor receptividad hacia reflexiones sobre salud emocional
Gabriel Rolón, uno de los psicoanalistas más influyentes de América Latina, vuelve a colocar en el centro del debate público una reflexión profunda sobre la naturaleza del amor y sus implicaciones psicológicas. En una reciente intervención ante medios especializados, el reconocido profesional propone una definición que desafía los lugares comunes sobre las relaciones románticas: amar a alguien implica otorgarle un poder considerable sobre nuestra vulnerabilidad, nuestros deseos y nuestro bienestar emocional. Sin embargo, lo que distingue al amor sano del tóxico no radica en la presencia de ese poder, sino en cómo se ejerce—o crucialmente, en cómo se decide no ejercer.
La perspectiva de Rolón emerge en un contexto histórico donde las dinámicas relacionales han experimentado transformaciones significativas en las últimas dos décadas. El auge de las redes sociales, los cambios en las estructuras familiares tradicionales y una mayor conciencia sobre la salud mental han reconfigurado la forma en que millones de personas entienden y experimentan el amor. Estudios recientes indican que aproximadamente el 60% de las parejas en América Latina reconocen haber atravesado crisis relacionadas con falta de comunicación y vulnerabilidad emocional. En este escenario, las propuestas teóricas de profesionales como Rolón adquieren particular relevancia al proporcionar marcos conceptuales que ayudan a las personas a identificar patrones sanos o destructivos en sus relaciones.
La vulnerabilidad como fundamento del vínculo amoroso
Según plantea Rolón, el acto de amar requiere inevitablemente una exposición emocional que coloca al amante en una posición de relativa desventaja. Cuando amamos profundamente a otra persona, le permitimos acceso a nuestras inseguridades, nuestros miedos y nuestras esperanzas más íntimas. Ese acceso representa literalmente un poder: la capacidad de lastimarnos de maneras que otros no podrían, simplemente porque nos importan. El psicólogo enfatiza que esta realidad no debería interpretarse como un motivo para evitar el amor o cerrar nuestro corazón, sino como una invitación a elegir con mayor conciencia a quién le otorgamos esa responsabilidad. La verdadera madurez emocional, según su perspectiva, consiste en reconocer este poder en el otro y decidir libremente confiar, sabiendo que existe el riesgo del daño pero apostando a que no ocurrirá.
Esta conceptualización desplaza la responsabilidad hacia ambas partes de la relación. No se trata simplemente de que la persona amada "no haga daño por malicia", sino de que reconozca activamente el poder que posee y elija sistemáticamente no utilizarlo como herramienta de control, manipulación o venganza. Rolón sugiere que el amor sano es fundamentalmente un acto ético: la decisión cotidiana de respetar la vulnerabilidad del otro, de no explotar sus inseguridades conocidas, de no utilizar sus confesiones íntimas como munición en conflictos. Esta perspectiva reintroduce la idea de que el amor no es meramente un sentimiento pasivo, sino una práctica activa de cuidado y responsabilidad mutua.
La construcción de la plenitud emocional
Más allá de las dinámicas de pareja, Rolón profundiza en una cuestión existencial que trasciende lo romántico: cómo construye una persona en sí misma un espacio capaz de albergar algún tipo de felicidad genuina. Esta pregunta se vuelve especialmente pertinente en tiempos de incertidumbre económica, crisis sanitarias recurrentes y saturación informativa. La investigación psicológica contemporánea sugiere que aproximadamente el 45% de los adultos en ciudades latinoamericanas reportan sentimientos de vacío o insatisfacción existencial, incluso cuando sus necesidades materiales están cubiertas. Rolón parece apuntar hacia la idea de que la plenitud no viene únicamente de factores externos—éxito profesional, estabilidad económica, relaciones románticas—sino de una arquitectura interna que cada individuo debe construir conscientemente.
Esta construcción implica, según el enfoque del psicólogo, un trabajo profundo de autoconocimiento y aceptación. Significa identificar qué espacios emocionales están colapsados por traumas sin procesar, qué estructuras psicológicas se han debilitado por relaciones tóxicas previas, y qué recursos internos poseemos para la reconstrucción. El concepto de "espacio capaz de albergar felicidad" sugiere que la capacidad de ser feliz no es un don innato, sino una competencia que se desarrolla. Implica además reconocer que ese espacio debe ser suficientemente robusto para contener no solo la alegría, sino también el dolor, la frustración y la incertidumbre que inevitablemente acompañan la existencia humana. Solo una estructura psicológica flexible y bien integrada puede sostener esta complejidad emocional.
Implicaciones prácticas para la vida cotidiana
Las reflexiones de Rolón tienen implicaciones concretas para cómo las personas pueden abordar sus relaciones y su bienestar personal. En el plano relacional, sugieren la importancia de conversaciones honestas sobre límites, expectativas y la responsabilidad ética que conlleva amar a alguien. En el plano individual, apuntan hacia la necesidad de invertir tiempo y recursos en terapia, meditación, educación emocional y prácticas de autocuidado. Estas ideas se alinean con una tendencia creciente en América Latina: la búsqueda de mayor conciencia psicológica. En los últimos cinco años, la demanda por servicios de psicoterapia ha aumentado más del 40% en plataformas digitales en toda la región, indicando una receptividad sin precedentes hacia este tipo de reflexiones.
La perspectiva de Gabriel Rolón invita a una reconsideración fundamental de cómo entendemos el amor y la felicidad en el siglo XXI. Lejos de ofrecer respuestas simplistas o fórmulas mágicas, propone un camino más exigente pero potencialmente más gratificante: el reconocimiento de que amar es un acto de coraje que requiere confiar en la ética del otro, mientras que construir una vida plena exige un trabajo constante de autoconstrucción emocional. En un mundo frecuentemente atravesado por superficialidad y desconexión, estas reflexiones representan una invitación a la profundidad, la responsabilidad y la autenticidad como fundamentos de una vida verdaderamente satisfactoria.
Fuente original: La Nacion AR